Un Gigante de Hierro que se Niega a Morir: El Viejo Embarcadero de Ferry Boat en Ibicuy

Lejos de ser una simple estructura oxidada a orillas del río, el Viejo Embarcadero de Ferry Boat del Puerto de Ibicuy es un monumental testimonio del patrimonio industrial y ferroviario de Argentina. Este coloso de metal no es solo un punto de interés; fue el corazón de una proeza de ingeniería que durante décadas conectó la Mesopotamia con el resto del país.

Hoy, tras un largo letargo, muestra signos de un esperanzador renacimiento, combinando su valor histórico con un nuevo rol como espacio de encuentro y recreación.

Para comprender su relevancia, es necesario viajar en el tiempo hasta principios del siglo XX. Antes de la existencia del complejo de puentes Zárate-Brazo Largo, el caudaloso río Paraná era una barrera formidable. La solución, implementada por la compañía ferroviaria de capitales británicos The Entre Ríos Railways, fue tan audaz como efectiva: gigantescos ferrobarcos capaces de transportar formaciones enteras de trenes en sus cubiertas. El servicio, inaugurado oficialmente el 15 de marzo de 1908, utilizaba buques como el “Lucía Carbó” para enlazar el puerto de Ibicuy con Zárate, creando un corredor vital para el comercio, la producción agrícola y el transporte de pasajeros. Este embarcadero era, por tanto, una pieza clave en la maquinaria del Ferrocarril General Urquiza, permitiendo que la economía de la región mesopotámica prosperara.

Del Abandono a la Puesta en Valor
Con la inauguración del complejo Zárate-Brazo Largo en 1977, el sistema de ferry boats quedó obsoleto de la noche a la mañana. Lo que antes era un hervidero de actividad, con el chirrido de los trenes y las sirenas de los barcos, cayó en un profundo silencio. Como relatan algunos visitantes asiduos, el embarcadero sufrió un prolongado período de abandono, y las huellas de esa negligencia aún son visibles en partes de su estructura. Sin embargo, la narrativa de este lugar ha comenzado a cambiar drásticamente. En los últimos tiempos, ha surgido un renovado interés por su conservación, impulsado por la comunidad y autoridades locales.

Actualmente, el sitio está en medio de un proceso de restauración que, aunque parcial, es muy significativo. Los trabajos se han enfocado en asegurar y recuperar secciones del puente de transferencia y sus mecanismos. Uno de los proyectos más simbólicos es la intención de colocar un antiguo vagón de tren sobre las vías que ascienden hacia la planchada del ferry, una iniciativa que busca recrear una escena de su época dorada y servir como un centro de interpretación para futuros visitantes. Este esfuerzo por rescatar la memoria del lugar es, sin duda, uno de sus mayores atractivos actuales.

La Experiencia del Visitante: Entre la Historia y el Ocio
Hoy, el Viejo Embarcadero se ha consolidado como un destino muy valorado, ostentando una calificación promedio de 4.6 estrellas, lo que refleja una alta satisfacción por parte de quienes lo visitan. Se ha transformado en uno de los paseos al aire libre más recomendados de la zona, ideal para una escapada de fin de semana desde ciudades cercanas. El principal atractivo es su atmósfera única, que combina la imponencia de la estructura industrial con la serenidad del paisaje fluvial.

Lo Positivo:
Valor Histórico y Fotográfico: Es un paraíso para los aficionados a la historia y la fotografía. La escala de la estructura, los rieles que se pierden en el río y los mecanismos de transferencia ofrecen imágenes impactantes y una conexión tangible con el pasado.

Entorno Natural y Recreativo: El lugar es perfecto para pasar el día junto al río. Es común ver a familias y grupos de amigos disfrutando de unos mates, leyendo o simplemente contemplando el paisaje. La tranquilidad del entorno lo convierte en un refugio del ajetreo diario.

Potencial para la Pesca Deportiva: La zona de Ibicuy es reconocida por ser un excelente pesquero. Las aguas profundas cerca del embarcadero atraen a aficionados en busca de especies como dorados, surubíes y bogas, lo que añade un componente de aventura a la visita.

Acceso Público y Gratuito: Al ser un espacio abierto, permite que cualquier persona pueda acercarse a conocerlo sin costo, fomentando el turismo accesible y el disfrute comunitario.

Aspectos a Considerar:
Si bien la experiencia es mayoritariamente positiva, los potenciales visitantes deben tener en cuenta algunos puntos. El principal es que el embarcadero es un sitio en transición. La restauración está en marcha, pero no ha concluido, por lo que aún se pueden encontrar áreas que reflejan su pasado de abandono. No es un museo pulcro, sino un lugar histórico en plena recuperación, lo que para muchos forma parte de su encanto rústico.

Además, la infraestructura turística en el sitio mismo es limitada. No se encontrarán servicios como baños públicos, tiendas o paradores gastronómicos directamente en el embarcadero. Por ello, es recomendable ir preparado con todo lo necesario para la jornada: agua, comida, protector solar y, por supuesto, el equipo de mate. Esta falta de desarrollo comercial, sin embargo, es precisamente lo que preserva su ambiente tranquilo y natural.

Un Destino con Futuro Anclado en su Pasado
El Viejo Embarcadero de Ibicuy es mucho más que un conjunto de hierros viejos. Es un símbolo de la resiliencia y la memoria colectiva. Representa una época de esplendor industrial y, al mismo tiempo, la capacidad de una comunidad para redescubrir y valorar su herencia. Visitarlo no es solo hacer turismo rural; es ser testigo de la historia en movimiento, de un gigante que, gracias al esfuerzo de muchos, está despertando para contar su fascinante relato a nuevas generaciones. Es, sin duda, una visita obligada para quien busque qué hacer en Ibicuy y desee conectar con la historia profunda de Entre Ríos y sus ríos.

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